Durante el mes de agosto, celebramos el Día Internacional de la Juventud. Durante mis visitas pastorales a parroquias, escuelas y campus universitarios, he tenido la bendición de poder interactuar con nuestros jóvenes y adultos jóvenes. Ellos sienten un gran amor por la Iglesia Católica y atesoran el don de nuestra fe católica. Ese mismo espíritu se reflejó en el mensaje en video del Papa León sobre las vocaciones, dirigido a los jóvenes católicos que asistieron al SEEK 2026 en el mes de enero. El Santo Padre llamó a los miles de jóvenes y adultos jóvenes a «estar abiertos a lo que el Señor tiene reservado para ustedes».
La iniciativa de Renovación Eucarística Nacional de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos nos dice que «a través de la Eucaristía, Dios desea sanar, renovar y unificar a la Iglesia y al mundo». A medida que la Iglesia crece en nuestra amorosa devoción al Señor eucarístico, Jesús nos llama también a crecer en nuestra amorosa devoción al Cuerpo Místico de Cristo (la Iglesia) y al mundo. Él llama a la Iglesia a fomentar esa devoción en oportunidades para experimentar sanación, renovación y unidad con Él, con la Iglesia y con la familia humana.
En abril, la Arquidiócesis de Mobile coorganizó —junto con la Diócesis de Birmingham— la Convención Anual de la Orden Ecuestre de los Caballeros y Damas del Santo Sepulcro de Jerusalén en Montgomery, donde estuvieron presentes 350 miembros. Fue especialmente maravilloso poder relacionarnos con los miembros de la orden de nuestra arquidiócesis y de la región, la cual incluye Alabama, Florida, Georgia, Luisiana, Misisipi, Carolina del Norte y del Sur, Tennessee, Virginia, Virginia Occidental, Washington, D.C. y las Islas Vírgenes.
Quizás hayas oído la frase «la Iglesia peregrina en la tierra» al rezar las oraciones de los fieles en la misa o en otros textos litúrgicos. Esta frase expresa la realidad de quiénes somos como Iglesia y hacia dónde nos dirigimos. Somos peregrinos en la tierra y, como tales, estamos en camino hacia nuestro verdadero hogar: con Dios para siempre en el cielo. Soy especialmente consciente de ser un peregrino cuando rezamos el Padrenuestro. Rezamos: «Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo». Mientras estamos en peregrinación, somos peregrinos intencionales, rezando en unidad con Jesús. A través del Padrenuestro y por la gracia del Señor, hacemos crecer Su reino de santidad y verdad: un reino de justicia y paz en la tierra como en el cielo. Conformamos nuestra voluntad a la voluntad de amor de Dios, esforzándonos por vivir según el reino: una vida que conduce al Reino de los Cielos. La bondad del cielo se fomenta en nuestra misión terrenal y en nuestra peregrinación.